Catering de Malpica: varias líneas de cocción bajo la misma extracción

Catering de Malpica: varias líneas de cocción bajo la misma extracción

En una cocina de colectividad no hay un solo aparato que marque el ritmo, sino una batería entera funcionando a la vez. Marmitas, hornos de convección, planchas y freidoras comparten espacio bajo una misma campana, cada uno emitiendo vapores distintos hacia arriba. El aire caliente sube cargado de partículas grasientas y humo denso que, si no se captan bien en el plenum, acaba ensuciando todo lo demás.

Nuestro trabajo consiste en desmontar esa acumulación pieza por pieza. Revisamos los filtros de lamas y limpiamos el canal perimetral, pero vamos más allá: abrimos los registros atornillados para recorrer el conducto tramo a tramo. En Zaragoza vemos cómo muchas rejillas de aportación fallan al compensar lo extraído, creando vacío. También comprobamos las turbinas de cubierta, cuyo rodete y voluta pierden caudal poco a poco sin que nadie lo note hasta que el olor llega al comedor.

Cada línea de cocción aporta lo suyo a la misma corriente

La marmita suelta vapor limpio, pero el horno y la plancha desprenden grasas más pesadas que se solidifican antes de llegar a la turbina. La freidora es distinta: sus partículas finas viajan lejos y terminan pegándose en las curvas del conducto. En una campana de metro y medio en El Tubo, donde todo está apretado, estos humores chocan entre sí dentro del plenum. Si no limpiamos las lamas con frecuencia, esa mezcla crea una pasta densa que obstruye el paso justo donde el aire intenta compensar la extracción.

Dentro del sistema compartido de un patio interior, lo que emite un local contamina al vecino porque los registros atornillados acumulan residuos de todos. En cocinas centrales como las de Plaza o Cogullada, la tirada larga hace que la grasa de plancha y la de fritura se estratifiquen por tramos. Al revisar el recorrido tramo a tramo, vemos cómo la voluta pierde caudal silenciosamente hasta que el olor llega al comedor. No hay culpa única; el depósito lo forman todas esas líneas mezcladas sin filtro previo.

Zonas de la campana que no se ensucian igual

En los locales de El Tubo y el casco viejo, donde la cocina se aprieta en metro y medio y la freidora no para, vemos un patrón claro. Los filtros de lamas que cubren la zona de fritura se colmatan de grasa mucho antes que los de la marmita contigua. Esa diferencia genera un desequilibrio real en el reparto del caudal de aire: la extracción tira con fuerza por la parte limpia y deja casi estancos los vapores de cocción pesada. No es solo una cuestión de suciedad visible; es flujo de aire mal gestionado dentro del plenum.

Al limpiar, revisamos tramo a tramo el conducto y los registros para confirmar que esa asimetría no está forzando a la turbina a trabajar contra resistencia variable. En cocinas centrales de Plaza o Malpica, donde las tiradas son largas, ese mismo problema pasa desapercibido hasta que el olor invade el comedor. Reponer la rejilla de aportación no basta si el filtro obstruido sigue robando volumen. Ajustamos el caudal efectivo tras retirar la grasa acumulada, equilibrando lo que sale por cada zona de la campana para que el aire circule como debe, sin huecos muertos ni sobrepresiones.

Las marmitas mandan un vapor que condensa lejos de la campana

El vapor que sale de las marmitas no es aire limpio, sino una nube cargada de grasa en suspensión. Ese aceite viaja pegado a la humedad hasta que encuentra un punto donde el conducto se enfría. Ahí, lejos de la campana y de lo que vemos a diario, la grasa deja de estar líquida y se adhiere a las paredes internas. En locales pequeños del casco viejo, con tiradas cortas hacia patios compartidos, este depósito invisible crea un problema que todos achacan al vecino, pero que en realidad formamos entre varios negocios.

En cocinas grandes de catering o colectividad, con conductos largos y turbinas de cubierta, el fenómeno ocurre igual aunque pase desapercibido durante más tiempo. El rodete pierde caudal poco a poco porque la voluta se va cegando con ese residuo solidificado. Nadie nota la bajada de rendimiento hasta que el olor reaparece en el comedor. Por eso revisamos cada tramo del recorrido, abriendo los registros atornillados para comprobar dónde ha condensado esa grasa que la campana extrae pero no retiene por completo.

Parada programada en una cocina que abastece a varios centros

Una cocina central que surte a varios centros no puede detenerse porque nosotros lleguemos. Aquí la planificación empieza por leer el calendario de producción para detectar esa ventana estrecha entre el último plato servido y la primera carga de los carros térmicos. En Zaragoza, donde la actividad es constante todo el año, esto suele obligarnos a trabajar de madrugada. No se trata de limpiar todo a lo bruto; dividimos el trabajo en fases críticas para mantener operativa la instalación mientras intervenimos.

Priorizamos primero las turbinas de cubierta, esas que van perdiendo caudal sin que nadie lo note hasta que el olor invade el comedor. Luego atacamos el conducto principal tramo a tramo, abriendo los registros previstos desde el proyecto original. Mientras un equipo accede al plenum de la campana para retirar lamas y grasa acumulada, otro verifica las rejillas de aportación de aire, asegurando que compensen correctamente la extracción. Así, cuando el primer reparto sale puntual, los filtros ya están limpios y el informe final nombra los registros que se han desmontado y el tramo que espera a la siguiente programación.

Desengrasar el plenum de una campana de gran longitud

En campanas de gran longitud, no se ataca todo el plenum de golpe. Lo dividimos en tramos manejables y trabajamos por zonas para evitar que la grasa desprendida caiga sobre áreas ya limpias o termine fuera del canal perimetral. En cocinas centrales o de catering, donde las tiradas son largas, esta segmentación permite controlar el arrastre de los residuos sólidos hacia los puntos de extracción sin saturar la turbina de cubierta con una carga repentina.

Durante el proceso, protegemos la línea conductora con lonas y tapones provisionales para que ni el agua ni los restos de lamas lleguen a los registros inferiores. El tiempo de contacto del producto desengrasante lo ajustamos al espesor de la suciedad acumulada: demasiado poco y la grasa sigue pegada; demasiado mucho y el disolvente empieza a dañar las juntas. Retiramos lo soltado manualmente antes de pasar al siguiente sector, garantizando que el aire recuperado en las rejillas de aportación fluya limpio desde el primer arranque.

Qué recoge el informe de una cocina de colectividad

El informe final no es un simple recibo de limpieza. Es la fotografía real del recorrido, tramo a tramo, desde los filtros de lamas hasta el rodete y la carcasa que lo envuelve. Detallamos qué estaba obstruido en el plenum de la campana, cómo estaba el canal perimetral y si los registros atornillados permitían un acceso limpio o si había grasa solidificada que impedía la extracción efectiva del aire.

También dejamos constancia de lo pendiente. En cocinas grandes de catering o comedores colectivos, donde las tiradas son largas y las turbinas de cubierta van perdiendo caudal poco a poco sin que nadie lo note hasta que el olor invade el comedor, saber dónde empieza el problema es vital. El documento marca exactamente qué conductos se han limpiado hoy y qué tramos requieren atención futura para evitar sorpresas cuando vuelva el reparto de madrugada.

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